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Martes 16 de julio de 2019

La caja del agua

Entrevista al poeta puertorrealeño Rafael Alonso Pica

Este verano ha presentado su poemario "La marejada de los sedientos" en el Centro Cultural Iglesia de San José, y ahora nos regala un poema ’Luces de feria’

22 de septiembre de 2016

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Este verano, que ya nos parece lejano, tuvimos el privilegio de acoger, en el Centro Cultural Iglesia de San José, la presentación del poemario “La marejada de los sedientos” de Rafael Alonso Pica, con el que obtuvo el Premio tema libre en Castellano XX Certamen Nacional de Poesía “Adolfo Utor Acevedo, y editado por Casa de Andalucía de Dénia.

Rosario Troncoso. Profesora y Poeta

El recién nacido Ateneo Literario de Puerto Real, capitaneado por Manuel Villalpando, fue el anfitrión de una de las citas poéticas del año.

Y es de agradecer este tipo de iniciativas, pues es imprescindible conocer a nuestros poetas, a las voces que nacen aquí y se expanden. Es el caso de este autor de Puerto Real, residente en A Coruña.

El ser humano se define como ser que aprende. Si no aprende, es un mineral, no es humano o ha dejado de serlo.

Él se define como “un andaluz en la corte de la reina Lupa, la mítica reina que recibió a los discípulos de Santiago apóstol. Un gaditano en el cabo del mundo, el Finisterre. Un marinero náufrago, olvidado por Odiseo. Pero también me siento actor en una permanente búsqueda de papel, perennemente inseguro”.

Así es Rafael Alonso Pica. Y conversamos sobre la poesía, y el mundo, y la vida.
Aquí lo tenemos en estado puro.
Y en “La marejada de los sedientos” , maravillas como este poema:

Luces de feria

Las inquietas, las frágiles
mariposas encienden entre el flúor
la oculta ventolera,
algas fosforescentes.

Colgantes zarcillos blancos y verdes
volantes pescaditos ensartados,
infiernillo de los piñones dulces,
felicidad postiza
caracola embustera.

Un pespunte lunar, intermitente,
caneca loca, candela feliz
llena todo el mundo con la montera.

Siempre pregunto a “mis” autores, sobre todo si son poetas, el motivo que les empuja a serlo, si la poesía les sirve para algo, o si encuentran aquello que anhelan, viviendo entre versos. ¿Qué es para vivir en verso?

Si la novela resume historias que el lector no podría vivir directamente y el teatro las vuelve a presentar delante de nuestros ojos como si fuésemos espías, la poesía sólo puede servir para ampliar el tiempo del lector amplificando instantes, creando un signo de complejo mecanismo que procura explorar e identificar realidades aún innominadas en cualquiera de los aspectos de la vida: reflexionar, denunciar, recordar, sorprenderse, conocer, protestar, dolerse, sentir... cualquier actividad humana esconde rincones fascinantes sin nombre, sentimientos desconocidos o apenas intuidos que merecen un bautismo, que merecen ser nombrados para ser reconocibles. Wittgenstein llegó a afirmar que sólo existe lo que es nombrable. Si no tienes la palabra, nunca reconocerás el objeto. Nombremos las cosas para que existan. Algo inútil para el común de los mortales.

Algunas claves de “La Marejada de los sedientos” ¿Qué nos vamos a encontrar?

Primera clave: El vocabulario popular, algo a lo que eres ciego en tu propia tierra, contrasta y brilla cuando vives lejos. Ese léxico familiar y terruñero vive en el diccionario de la calle (y en el de la Real Academia), es creativo y sorprende, identifica referentes misteriosos cuando los ves en la lejanía y crea su realidad.
Segunda clave: El recuerdo de lo que pudo ser, del tiempo hurtado: La recreación del recuerdo. Gracias a la emigración disfruto de una doble vida que no me habría planteado de otra manera: la vida que llevo en el golfo Ártabro, entre niebla y lluvia y la hipotética en un Puerto Real luminoso.

Siempre quiero saber del locus amoenus de mis poetas predilectos. Tu lugar, tu tópico…

Hablemos de tópicos: Los hijos juegan a lo lejos mientras se pone el sol en una playa solitaria. Otro: Una parada bajo un emparrado de una vieja taberna durante un maravilloso viaje interminable con el contradictorio sentimiento de echar de menos el hogar. El lugar propicio para el amor, eso es un locus amoenus; más que un lugar, un momento, algo que no se puede poseer, porque es un instante y porque es deseo.

Tu Puerto Real...

Paraíso dos veces perdido, historias de familia, un abuelo fusilado, alhucema, palabras juguetonas, candiel, mi abuela Rosario, paseos con mi abuelo Antonio, chirigota triste, aquel tiempo mítico en que los veranos aún eran interminables... Terca torsión del tiempo: poesía.

Varias cuestiones, en una: quiero saber de tus poetas, de aquellos libros que te salvan, y si prefieres el verso libre o los metros clásicos.

Mis poetas en castellano en caótico recuento: Antonio Praena, Jesús Montiel, Juana Castro, Aurora Luque, Luis Alberto de Cuenca, Sánchez Menéndez, Amalia Bautista, una tal Rosario Troncoso, Matilde Cabello, Benjamín Prado, Raquel Lanseros, Juan Bonilla, Ángel González, Andrés Neuman...
Entre los gallegos: Eva Veiga, Manuel Rivas...

Libros salvadores: los que me interpelan, los que paran mi mirada en el estante, los futuros -espero-, los que esperan impacientes que los lea porque el ser humano es puro deseo y dejando algo pendiente de lectura creemos que tendremos una prórroga en septiembre... Pero de esos no puedo hablar. Entre los leídos: Palabra sobre palabra, porque en él está todo Ángel González que es impulso y vitalidad en tiempos adversos; Costa da morte blues, porque Manuel Rivas transcendió los tópicos gallegos, algo muy recomendable cuando hay que evitar los prejuicios; Poeta en Nueva York, si estoy apagado, porque enciende la mirada. Ciertamente hay una terapéutica filológica, libros medicinales, aunque, en mi caso, acostumbro a hacer lecturas homeopáticas: simila similibus curantur. Todos tienen su momento. No me atrevo a hablar de todos mis males ni de los autores con los que los curo.

Últimamente me interesa la transformación de metros clásicos: Ceñirse a una disciplina métrica es una manera de forzar el lenguaje que puede ser más creativa que el propio azar y puede ser "traicionada" buscando la novedad; pero no desdeño el verso libre cuando integra ritmo, contenido, música, intencionalidad, voluntad de estilo.

¿Están trasnochados y gastados los temas universales de la poesía en estos tiempos?


Nada nuevo bajo el sol. Sólo la sorpresa de quien aprende en cada instante es nueva. El ser humano se define como ser que aprende. Si no aprende, es un mineral, no es humano o ha dejado de serlo.

Regálanos un verso.
¿Sólo uno? Recuerdo uno de José Manuel Benítez Ariza:
"El tiempo que se adensa en los recuerdos"
(El tiempo que endurece el pan en Los extraños, Valencia, Pre-Textos, 1998)
Si me pides un verso (y sólo uno) mío:
Tántalo, tu terco testigo atento.

http://tercotestigoatento.blogspot.com.es/

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