www.puertorealweb.es

Lunes 19 de agosto de 2019

Puerto Real en la Historia

EL PUERTO REAL SUBTERRÁNEO. ALGUNAS NOTAS (V)

Quita entrega de este paseo por nuestra ciudad, bajo tierra

2 de marzo de 2013

Nº Comentarios

4
Manuel J. Parodi. Historiador

Antes de seguir adelante con nuevos ejemplos y casos concretos sobre el “mundo subterráneo” de la iglesia de San Sebastián, indefectiblemente ligado a sus funciones funerarias, insistiremos en la cuestión del debate (que existe desde hace tiempo, si bien nunca se ha entrado a abordarlo y discutirlo abiertamente) sobre la existencia criptas en el subsuelo del referido monumento, la presencia de un “mundo subterráneo” (repetimos) conformado por un panteón, o por varios, de dimensiones y características aún no conocidas, donde se produciría la mayor parte de los enterramientos del templo.

Lo que sabemos hasta ahora es insuficiente como para elaborar conclusiones definitivas, si bien contamos con significativas referencias documentales que indirecta como directamente hablan de los espacios subterráneos existentes en la iglesia de San Sebastián, sus criptas las bóvedas funerarias que existen bajo el suelo de algunas de las capillas de la Prioral.

Estos documentos de enorme interés nos presentan los perfiles de una realidad concreta, algo aún pendiente de que la investigación arqueológica -un día- pueda arrojar luz sobre este asunto: la existencia de no una, sino varias criptas, quizá comunicadas entre sí, bajo el suelo de la iglesia de San Sebastián; quizá exista un espacio funerario subterráneo central, bajo las naves del templo, junto a otros espacios sepulcrales que podrían encontrarse bajo algunas de las capillas de la Prioral; se trataría de unos espacios subterráneos donde se producirían enterramientos y que además quizá servirían para realizar determinados cultos y actividades religiosas, un espacio (o unos espacios) los cuales habrían de ser una suerte de “reproducción en paralelo” -y subterránea- del espacio superior.

Uno de estos espacios del “mundo subterráneo” de la Prioral podría ser el de la antigua Capilla del Sagrario (que fuera fundada en los años cuarenta del siglo XVII por el entonces Alcalde Mayor de Honor de Puerto Real, D. Juan Hurtado de Cisneros): dicho espacio serviría de sepultura a los herederos de dicho personaje desde mediados del siglo XVII hasta -al menos- la segunda mitad del siglo XVIII, constituyendo un ejemplo de capilla y cripta familiar, de uno de los espacios subterráneos de la Prioral a los que venimos haciendo referencia en estos párrafos.

Como hemos ya señalado con anterioridad, en 1798 y ante la necesidad de crear un cementerio municipal (un espacio ajeno a los templos de la Villa e independiente respecto a los mismos), debido a la saturación e insalubridad de estos espacios funerarios subterráneos de los edificios religiosos de la localidad (sometidos a la presión que representaba la gran cantidad de enterramientos en los panteones de las iglesias portorrealeñas) ya se nos habla (en documentación de la época) acerca del panteón de la Prioral de San Sebastián. En agosto de dicho año 1798 se reunió la Hermandad de la Orden Tercera de los Dolores en el panteón de la Prioral, pero hubo de aplazarse esta reunión, “... por la fetidez y olor intolerable que exhalaba (...) puestos en la nariz los pañuelos...”.

Incluso al día siguiente de dicho intento, algunas personas que se acercaron a la ermita de San Andrés (existente por entonces en la plaza de la Iglesia, y luego destruida por los invasores franceses, en el contexto de la Guerra de la Independencia), en compañía de la Hermandad de Ánimas, tuvieron la lamentable experiencia “...al abrir las puertas…” de no poder entrar en la mencionada ermita de San Andrés, ya que (de acuerdo con lo que dichas personas testimonian): “…fuimos arrojados de ella por la fetidez insufrible que despedía...” (Archivo Histórico Municipal de Puerto Real, AHMPR. Autos formados en razón de establecimiento de Cementerio. Año 1798, f. 23).

Así, gracias a este testimonio sabemos acerca de la existencia de un panteón en San Sebastián de unas dimensiones suficientes como para poder prestar su espacio (un espacio subterráneo, no lo olvidemos: el de la cripta del templo, la cripta mayor del mismo) para que se celebrasen reuniones de cofradías; igualmente este testimonio nos habla también de la situación crítica que pasaban los enterramientos en dichos momentos: la población de Puerto Real había crecido mucho a lo largo del siglo XVIII, por lo que las criptas de los templos de la localidad serían insuficiente de cara a procurar un lugar para el descanso eterno para un número cada vez mayor de difuntos, lo cual creaba una situación cuando menos inquietante que imprescindible la creación de un cementerio como tal, que finalmente ser emplazaría junto a la antigua ermita de San Benito, de la que recibiría el nombre.

Una vez más (como en párrafos anteriores) señalaremos que en relación con este delicado asunto se hacía imprescindible cumplir y hacer cumplir las instrucciones (relativas a los enterramientos) dictadas unos años antes por el rey Carlos III, el cual publicaba el 3 de abril de 1787 una Real Cédula que establecía una nueva normativa para los enterramientos, que venían realizándose hasta entonces (mayoritariamente), como hemos señalado sobradamente, en el interior (o los aledaños) de las iglesias: ahora, en cambio, (y ante la situación de insalubridad que podía crearse, y en el marco del espíritu reformista del Siglo de las Luces y la Ilustración) se apuntaba en la dirección de crear de cementerios exteriores a las ciudades, incluso alejados de las mismas, sitos extramuros.

Esta normativa estatal imponía una reglas nuevas sobre el uso de los cementerios, intentando crear recintos que cumplieran y respetaran ciertas medidas higiénicas, marcando la orden de dar fin a las inhumaciones en el interior de las iglesias (con las habituales excepciones…); ello daría origen a los cementerios modernos.

Los espacios de ese “mundo subterráneo” paralelo de la Prioral, espacios funerarios de dicho templo, se cerrarían posiblemente en los muy finales años del siglo XVIII y los primerísimos años del XIX, proceso que quizá se vería acelerado como consecuencia de la epidemia de fiebre amarilla que arrasó la bahía gaditana -y con ella, a Puerto Real- en el arranque del Ochocientos (fenómeno estudiado por nuestro paisano Juan José Iglesias), con su elevada mortandad.

Desde ese entonces quizá nadie más recibiría sepultura en la parroquia de San Sebastián, ni siquiera personajes ilustres de la época: baste como ejemplo en este sentido el caso -que mencionáramos en anteriores párrafos- del cuarto conde de Vega Florida, D. Francisco de la Rosa y Arnaud, capitán de fragata, a quien correspondían plenos derechos para recibir sepultura en la tumba de sus padres (sita en la Prioral), y que, sin embargo, al fallecer, en 1823, recibiría sepultura en cementerio de San Benito, prueba probablemente de la imposibilidad de realizar enterramientos en la iglesia Mayor incluso para los aristócratas que disponían de criptas funerarias en la referida iglesia.

CONDICIONES DE PUBLICACIÓN DE LOS COMENTARIOS

PRW no se responsabiliza de las opiniones vertidas en los foros y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenido ofensivo, discriminatorio o difamatorio, o con contenido no vinculado con la noticia

4 Comentarios
moderación a priori

Este foro es moderado a priori: su contribución sólo aparecerá una vez validada por un/a administrador/a del sitio.

¿Quién es usted?
Su mensaje

Para crear párrafos, deje simplemente líneas vacías.