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Miércoles 17 de julio de 2019

Puerto Real en la Historia

EL "TERRITORUM" DE LA ACTUAL PUERTO REAL EN LAS FUENTES GRECORROMANAS. ALGUNAS REFERENCIAS (II)

2 de febrero de 2013

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Manuel Jesús Parodi. Historiador

Considerábamos en el anterior texto algunos datos proporcionados por varios autores de la Antigüedad relativos al marco físico en el que se inserta el término municipal de la actual localidad de Puerto Real. Así, entre estos mencionados autores de la Antigüedad, Rufo Avieno, en el verso 284 de su obra “Ora Marítima”, menciona la existencia del lago existente en las bocas del Betis-Guadalquivir: el así llamado “Lacus Ligustinus”, colmatado hoy y ocupado en buena medida por el Parque Natural de Doñana.

En su “Geografía” (libro III, capítulo 4) el tingenterano Pomponio Mela, gaditano del Estrecho, hace referencia a la existencia del bosque “Oleastrum” en el arco costero de la tierra firme de la comarca de la Bahía gaditana, aparte lo cual -en relación con el tema que nos interesa y ocupa ahora- el de Tingentera se limita a señalar en su referida obra -la “Geografía”, III.5- la existencia de un “gran lago” en la desembocadura del Baetis, si bien sin mencionar su nombre. Por su parte, Claudio Ptolomeo (II.40.10) apunta la existencia -en este contexto geográfico de la Bahía- del bosque de olivos silvestres (el acebuchal u “Oleastrum”) que también mencionase Mela.

Cayo Plinio Secundo (Plinio “el Viejo”), por su parte, además de hacer mención igualmente del bosque “Oleastrum” (en su obra Naturalis Historia, III.15), al ubicar geográficamente la ciudad de Gades (N.H., III.7), señala al respecto que la tierra firme frente a Gades recibía el nombre de costa “Curense”, al tiempo que realiza una puntualización sobre la forma física de la misma. De esta manera, Plinio la describe como “litus Curense inflecto sinu”, es decir, “litoral Curense de curvado seno”, pero sin entrar en ulteriores detalles acerca de la naturaleza de las tierras de dicho entorno y su inequívoca relación con el mar que las bañaba.

Como hemos visto, el citado Plinio el Viejo explica que la tierra frente a Gades recibía el nombre de litoral “Curense”; podemos señalar al respecto que los “Curetes”, presuntos habitantes originales y primeros de estas tierras, eran en el mundo mitológico clásico, unos seres míticos que cuidaron de Zeus-Júpiter en su primera infancia, mientras la cabra-ninfa Amaltea se encargaba del referido dios de la Luz en su lactancia. Las tierras que consideramos cuentan también, así pues, con un espacio propio en el relato mítico del nacimiento (la teogonía) de Zeus, el “padre de los dioses y los hombres”.

Significativamente las particulares condiciones de estas costas gaditanas estudiadas por el griego Estrabón, contemporáneo del emperador Augusto, son descritas de forma muy similar por el romano Plinio (“el Viejo”), quien falleciera víctima de las consecuencias de la erupción del Vesubio del año 79 d.C., la misma que destruyó Pompeya y Herculano, en la Bahía de Nápoles. Plinio señala cómo en la Bética “en unos sitios los mares van comiéndose a la larga las orillas, en otros es la tierra la que avanza sobre la aguas (cfr. C. Plinio, “Naturalis Historia”, III.16).

Esta acción de las mareas haría posible penetrar con mayor profundidad en las tierras mediante el empleo de medios sutiles, de embarcaciones ligeras (botes, barcas, barquillas, pateras, chalanas y demás pequeñas embarcaciones, dando forma a un paisaje muy similar al nuestro, al actual, al que tan bien conocemos), y mantener de este modo la navegabilidad en los caños de los que no se retirasen las aguas con la bajamar.

Igualmente habrían de servirse de estas vías acuáticas las instalaciones de arsenales y puertos como el “Portus Gaditanus” o “Portus Balbus”, cuya existencia es mencionada por el paisano de esas tierras Pomponio Mela (III.4), un famoso puerto (“´epíneion”) que habría sido construido en época augústea (entre los siglos I a.C. y I d.C.) por el fenogaditano Balbo el Menor en la “tierra firme frontera” sita frente a las islas gaditanas (según especifica por su parte Estrabón, “Geografía”, III.5.3), esto es, en el “litoral Curense de curvado seno” señalado a su vez por Plinio (III.7-15).

Estrabón, al señalar la utilidad de los esteros como vías de comunicación, apunta el valor que tendrían estos cursos interiores. Indica que los nativos fundaron sus núcleos de población junto a los esteros y caños, ya que éstos podían ser utilizados como vías de comunicación y transporte. Estrabón no se refiere (al comparar las utilidades de esteros y ríos) a la extracción de agua para su consumo directo, ya que el agua que circulaba (y circula) por los esteros y caños procede del mar, sino a su uso activo como vías de comunicación, de transporte y, por tanto, de comercio.

De la vinculación entre los esteros y la navegación marítima dejan constancia igualmente las fuentes clásicas: las instalaciones relacionadas con esta última actividad que hubieran existido en la zona (como en el caso del arsenal-puerto de Balbo) se habrían contado entre las que habrían sido apremiadas por César en la zona de la Bahía gaditana para la construcción de embarcaciones mayores, las cuales le eran necesarias para sus campañas contra los “veneti” (en el Norte de las Galias) y contra los “britani” (en la actual isla de Inglaterra).

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