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Miércoles 13 de noviembre de 2019

Puerto Real en la Historia

sección: "Puerto Real en la historia"

La caza en La Algaida hace 180 años

Un nuevo, divulgativo y entretenido texto del historiador puertorrealeño Antonio Villalpando

18 de abril de 2016

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Es de noche. Comienza la jornada del furtivo. Sus pasos silenciosos apenas suenan en las calles de Puerto Real. Está acostumbrado a ser sombra. Pasar desapercibido es parte de su oficio. Le acompaña en sus

El historiador Antonio Villalpando

andanzas su fiel perro Runo, un podenco desgarbado envidia de todos los cazadores. El valor de ese podenco no tiene comparación posible. Con ese perro y un cuchillo dio muerte a una docena de cochinos en el otoño pasado. Él los mata a vida o muerte. El perro los acosa y se encara al jabalí, manteniéndolo a raya el tiempo suficiente para asestarle una certera puñalada que lo mata en seco. Esa es su especialidad. Solo falló una vez, cuando se iniciaba en el oficio. Eso le costó un dedo meñique y enterrar al padre de Bruno. Hoy es de las pocas ocasiones en que es bienvenido en un Coto de Caza. Va a salir por encargo del cabildo. Piensa matar varios zorros, ginetas y melones que “acosan” a los conejos y perdices del Coto de la Dehesa de La Algaida.

Las alimañas son demasiado abundantes en los pinares de la costa. Los Gatos Servales, (Linx Pardina) que son pálidos con motitas negras, se pagan bien. Los Gatos de monte (Felis Catus) no se cotizan. Para ganar dinero de verdad sería bueno matar algún lobo, aunque cada vez se ven menos en la costa. Los gandanos (Vulpes Vulpes) y melones (Antiguamente melón designaba a la mangosta Herpestes ichneumon y al Tejón, meles meles) no se pagan demasiado aunque al menos son más fáciles de cazar. Si pilla alguno se lo llevará a un barbero, que como hacen brochas con sus pelos pagan mejor esos bichos.

Espera ganar algo “extra”. Ha colocado varias trampas. Lazos hechos con crines de caballos esperan la entrada de zarzales en sus dormideros. Hoy caza con poca luna. Esta noche no correrá mayor riesgo que ser localizado por el guarda del Coto de La Algaida, aunque le importa poco. Si quieren que suerte los zarzales tendrán que pegarle un tiro y rezar para que no sea él quien se lo peque al guarda ántes.

Los “botos” que calza los heredó de su padre. Todo lo que sabe lo aprendió en el campo. Se crió pensando que escribir es para curas y militares. Le sobra con reconocer el rastro de una corza, las diferentes madrigueras o saber encontrar los cagarruteros de ginetas. Conoce decenas de formas de localizar y dar muerte a una liebre. Su conocimiento, fruto de una experiencia ancestral transmitida oralmente hoy apenas se valora sin saber cuanto se pierden quienes lo desprecian. Solo le falta saber de los animales del mar. Fija su vista en el Caño del Trocadero, donde empiezan a aparecer luces y velas. Faluchos que llevan a los marineros a por lo que puedan. Los aparejos de las nasas están listos para calar. De carnada usan esponjas de mar. ¿Y que se pesca con esponjas de mar?. Pues no se pescan, se mariscan. Las cañaillas, gordas como un puño y color naranja butano. Marisco que aún se cogía en ese caño hace unos cuarenta años.

Un pescador de esos tiempos se hace a golpe de marea y viento de levante. El falucho, elegante barco marinero, arría las velas y aparecen los remos. Las luces alumbran el mar. Un marinero va en proa con una vara larga que lleva algo parecido a un peine en la punta mientras otro rema con tal destreza que no suena el golpe de remo, de modo que parece que el barco aún navegara a vela. De forma repentina el marino saca del mar un choco enorme. La figa, método de pesca heredado de los antepasados romanos, sirve para aprovechar el tiempo mientras pescan las nasas.

Restos del paso del hombre por la Algaida

Las actividades del hombre en el medio no siempre han sido beneficiosas. El ejemplo de la casi extinción de carnívoros en cotos de caza menor y la desaparición de caladeros son buenos ejemplos. Sin embargo, hay casos en los que la acción humana era totalmente beneficiosa. El control de población de jabalí, la caza selectiva con perro o la actividad extractiva selectiva como la nasa o la figa son estandartes del nuevo concepto de caza y pesca sostenibles.

Ya con el sol en alto, tres amigos se encuentran en la venta que hay camino de Matagorda. Un cabrero, un pescador y el furtivo, que a cambio de unos zarzales será quien pague la ronda.

Bibliografía:

Clemente Ramos, J. El Medio Natural en el Medio Natural. Actas I Congreso de Ecohistoria e Historia Medieval Universidad de Extremadura, 2001.

Laterza, B. Storia e cultura della cacica: dalla prehistoria a oggi. 2000
Lagóstena Barrios, L. y Villalpando Moreno, A. Catálogo Patrimonio Cultural Parque Metropolitano Marismas de Los Toruños y Pinar de la Algaida.

Muro Orejón, A. 1992. Puerto Real en el S. XIX. Ed. Ayuntamiento de Puerto Real.

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