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Viernes 19 de abril de 2019

Puerto Real en la Historia

ESPECIAL "Puerto Real en la historia"

LA FERIA DE PUERTO REAL EN LA HISTORIA

Lugares portorrealeños como los de Carretones, Casines, La Algaida (Norte) y el Manchón de Reggio se combinarían y sucederían como emplazamientos de la Feria, de los tratos de ganado

3 de junio de 2013

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1
Manuel J. Parodi. Historiador

La Feria de Puerto Real no es, ni mucho menos, un acontecimiento reciente en el tiempo: de hecho nuestra feria data de la primera mitad del siglo XIX, habiéndose celebrado su primera edición en el cada vez más lejano 1843, cumpliéndose en este año precisamente 170 años de ello… En breve (en 2018) llegaremos a los 175 años de la Feria de Puerto Real, una cifra lo suficientemente “redonda” como para empezar a pensar en una conmemoración… Lo dejamos dicho desde ya, para cuando alguien lo señale…
Volviendo al tema que nos ocupa, es de constatar que cuando hablamos de "ferias" y del origen de las mismas en realidad estamos hablando de unos eventos comerciales cuyos orígenes (en nuestro contexto cultural y geográfico, esto es, en Europa) se remontan a la Edad Media: ferias comerciales medievales como las famosas ferias de la región francesa de Champagne (sí, de donde es originario el espumoso homónimo) eran acontecimientos de una gran potencia económica, y servían para dinamizar la producción y (especialmente) el comercio de las regiones donde -de manera periódica- se celebraban.

Caídas las estructuras del Imperio Romano en el Occidente europeo, las redes comerciales otrora existentes se redujeron, mermaron, o simplemente desaparecieron en el espacio de la Europa Occidental, y una de las fórmulas que, andando los siglos, se desarrollaron para cubrir ese hueco económicos perdido habría de ser precisamente la de estas ferias comerciales que servían a los efectos mencionados y que, en Flandes, en Castilla, en Aragón, Francia o Italia (en distintas comarcas y regiones de estas tierras referidas, y no sólo en éstas) contribuían (en la medida de lo posible) a reforzar las líneas de un muy débil comercio (débil en lo relativo a la extensión de sus redes y en su potencia económica real).

Pero las ferias medievales, algunas cristalizadas en el tiempo y capaces de sobrevivir a los largo de los siglos, se fueron transformando a medida que las redes de comercio fueron a su vez fortaleciéndose en Europa, hasta llegar a un siglo XIX cuando -una vez- más serían criterios económicos los que impulsarían la aparición de ferias (tan ligadas a los mercados o ferias de ganado) en Andalucía y el resto de España.

Nuestra feria fue originalmente un intento municipal de afrontar y contribuir a atajar de alguna manera la muy grave crisis económica por la que la localidad estaba pasando en la primera mitad del XIX

En algunos pueblos y ciudades de Andalucía (como en el caso de Puerto Real) la creación de estas ferias en el siglo XIX obedeció a una cuestión de conjunción de oportunidad, necesidad e interés económico (como sucedería asimismo en Sevilla, cuya feria -que fuera "inventada" por dos empresarios, catalán uno y vasco el otro y cuya primera edición se celebrase en el año 1847- está estrechamente relacionada con el comercio de ganado (siendo originalmente una feria ganadera, como es de sobras sabido), así como con la construcción del puente de Isabel II (el mejor conocido como "Puente de Triana", que data de 1848 (un año después de la celebración de la primera feria de Sevilla): este puente fue el primer paso estable, fijo (hasta entonces se contaba con barcas y con puentes de barcas para cruzar el río por Sevilla) sobre el Guadalquivir a la altura de la capital hispalense y supondría un notable avance y una ventaja para la ciudad hispalense, sin exclusión de los tratantes de ganado que podrían -desaparecido ya el peligro de que los pasos flotantes sobre el río fallasen por el peso y movimiento de los animales- conducir sus bestias a la feria a través de un paso firme y estable, seguro.

En el caso de Puerto Real, nuestra feria fue originalmente un intento municipal (impulsado por el Ayuntamiento de la Villa) de afrontar y contribuir a atajar de alguna manera la muy grave crisis económica por la que la localidad (y no sólo la nuestra) estaba pasando en la primera mitad del XIX, con una Bahía gaditana, una Andalucía y una España sumidas en la incapacidad de superar el desastre que supuso para el estado la pérdida del Imperio Colonial (reducido tras la emancipación del Continente americano a algunas de las islas del Caribe y otras en una enorme y dispersa área del Extremo Oriente, con Cuba y Filipinas respectivamente a la cabeza, y poco más), encontrándose además el país “convaleciente” tras una sucesión de guerras e invasiones (Guerra de la Independencia, Independencia de la América Española, los Cien Mil Hijos de San Luis, las guerras civiles carlistas, los pronunciamientos militares…), y estando Puerto Real particularmente afectado por una crisis económica que, en resumidas cuentas, dejaría fábricas en quiebra, sin operarios, mercados ni recursos, con una flota (tradicional cliente de las fábricas, arsenales y diques de construcción y carena de la Villa) en franca decadencia, incapaz de superar el desastre naval de Trafalgar (ocurrido a principios del siglo, en 1805), y con unas redes comerciales excesivamente dependientes de una estructura supraestatal (el Imperio Colonial) desaparecida en su mayor parte, y volcados los antiguos territorios de las Colonias hacia nuevas formas de gobierno y hacia nuevos mercados (el anglosajón, fundamentalmente, pese a los intentos franceses -como la aventura colonial de Napoleón III en el México de mediados del siglo XIX- por hacerse un nicho económico propio en dicho contexto).

En el marco de este innegablemente triste y oscuro panorama general, el Ayuntamiento local elevó al gobierno nacional la solicitud del correspondiente permiso para crear una Feria de Ganados en la Villa para el año en curso, 1843 (con anterioridad a la primera edición de la feria de Sevilla), un evento que se quería sirviera para impulsar la economía local; la previsión inicial de fechas para la feria correspondía a los días 1, 2 y 3 de mayo. El gobierno del país otorgó su permiso, si bien modificó ligeramente las previsiones de fechas: habría de celebrarse durante los días 15, 16 y 17 del mismo de mayo.
Así, el mismo año en que fuera solicitado el permiso para celebrar la Feria, el mismo fue concedido, la iniciativa fue aprobada, y se celebró la primera Feria de Puerto Real: todo de una misma vez, en lo que constituye a todas luces un verdadero prodigio de “agilidad administrativa”, podría decirse (más aún habida cuenta de que se trata del siglo XIX).

Sobre el espacio material de ubicación de la Feria, de aquellas primeras ediciones de la Feria de Ganados de Puerto Real celebradas en los mediados del Ochocientos, lugares portorrealeños como los de Carretones, Casines, La Algaida (Norte) y el Manchón de Reggio se combinarían y sucederían como emplazamientos de la Feria, de los tratos de ganado; son (eran, en algunos casos) sitios de campo, con disponibilidad de agua y de pastos (contando en este sentido incluso con algunos de los pozos principales de la Villa, caso de Carretones y del Manchón de Reggio (que podía disponer del suministro de agua del pozo de Las Canteras); estas localizaciones, dispuestas en la periferia del casco urbano local, habrían de resultarían muy convenientes para el tránsito de los animales y para acercarlos a la Feria, y evitando en la medida de lo posible las molestias que las bestias pudieran ocasionar al vecindario.
De otra parte, los elementos más lúdicos y de esparcimiento de la Feria contarían con un lugar propio, prefiriéndose -de cara a la localización de este aspecto de la Feria local- contar con unos emplazamientos más cercanos al casco urbano de la Villa cuando no incluso integrados en el mismo: se trataba de proporcionar una ocasión de esparcimiento para la ciudadanía, en fin de cuentas. De este modo, se contaría con localizaciones de tinte más urbano, como la Ribera del Muelle, la Plaza de Jesús, la calle Ancha y el Paseo de las Canteras (el Paseo de María Auxiliadora), que se prestarían para acoger los aspectos más lúdicos de la Feria, una faceta que habría de adquirir andando el tiempo una creciente relevancia, llegando a convertirse en "la Feria" por excelencia (en términos absolutos), desbancado primero y desaparecido más tarde el primigenio mercado de ganados en torno al cual se constituyó originalmente esta celebración local en Puerto Real.

Entre las diferentes “diversiones” y las distintas actividades organizadas para acompañar esos días festivos de la Feria los toros contarían con lugar destacado. Los toros, en la forma de los populares "gallumbos" (o “gayumbos”, que de las dos maneras lo encontramos), que corrían por las calles del centro de la población y cuya suelta dejaría de llevarse a cabo en los años 30 del pasado siglo XX, serían un elemento característico de la Villa. En esta misma línea también son de citar los toros enmaromados y del aguardiente... Asimismo se contaría con fuegos artificiales, pasacalles y conciertos de música, así como con las primeras exhibiciones del "cinematógrafo" en Puerto Real. Junto a lo anterior, reseñar otras actividades como carreras de cintas a caballo, la cucaña, regatas, bailes, el vuelo de globos, representaciones teatrales e incluso (algo de lo que ya escribiera en su día D. Antonio Muro) una original fuente de vino dispuesta en los años 1859-1860.
Lo demás es Historia, y Feria…

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1 Comentario
  • LA FERIA DE PUERTO REAL EN LA HISTORIA 3 de junio de 2013 12:35, por Manolo J. Parodi Álvarez

    Hemos hecho un parón en la serie dedicada al "Puerto Real Subterráneo por causa de la Feria... Retomamos dicho tema, con la venia de PRW, en el próximo artículo.

    Un saludo.

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