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Domingo 16 de diciembre de 2018

Puerto Real en la Historia

18 de junio, del año 1483, los Reyes Católicos firmaron la Carta Puebla con la que se funda la villa de Puerto Real

LOS PRIMEROS AÑOS DE HISTORIA DE LA VILLA

Con este texto del Catedrático Juan José Iglesias celebramos en PRW el día de la Villa

15 de junio de 2013

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10
Juan José Iglesias Rodríguez Catedrático de Historia Moderna Universidad de Sevilla

Puerto Real celebrará dentro de pocas fechas el día de la Villa. Con él se conmemora el momento de la fundación oficial de la población por los Reyes Católicos, hace ahora 530 años. El Ayuntamiento de Puerto Real, con buen criterio, ha instituido un programa de celebraciones que cumple, a mi entender, con tres objetivos importantes, estrechamente vinculados además entre sí: recordar y difundir la historia de la villa, reforzar las señas de identidad de sus habitantes y reconocer a aquellos puertorrealeños que se han distinguido singularmente por su trayectoria. Con el presente artículo, para el que PRW me abre como siempre amablemente sus puertas, quisiera ofrecer una modesta aportación al cumplimiento del primero de los mencionados objetivos, el conocimiento de la ocasión histórica conmemorada.

Don Antonio Muro Orejón, maestro indiscutible de historiadores de Puerto Real, hizo dos aportaciones capitales al conocimiento de los orígenes históricos de la villa: el estudio de la carta-puebla fundacional y el de los privilegios con los que los Reyes Católicos dotaron a sus habitantes para promover el poblamiento inicial del lugar. Posteriormente, y en la estela del magisterio del inolvidable don Antonio, he llevado a cabo algunas reflexiones sobre el significado de la fundación en la lógica de la estrategia atlántica de la monarquía castellana a fines del siglo XV, en especial por lo que respecta a su proyección hacia el norte de África.

Sin embargo, es poco lo que aún sabemos sobre los primeros momentos de la vida de Puerto Real. Con este artículo, adelanto de un trabajo académico de mayor amplitud actualmente en preparación, me propongo ofrecer algunas noticias sobre la primera década de existencia de la villa, hasta 1494, aprovechando los rastros que ésta dejó en los documentos generados por la cancillería real castellana.

Dicha documentación, como resulta lógico esperar, refleja la realidad de una nueva población que está en esos momentos organizándose y que debía hacerse un hueco entre sus poderosos vecinos. Llama la atención, también, la activa protección que los reyes le dispensan a sus habitantes, reflejo de la firme resolución de llevar a buen puerto su voluntad fundacional y del importante papel que le atribuían a la nueva puebla en los objetivos políticos que perseguían.

Prueba de ello es el elevado rango administrativo que concedieron a Puerto Real, al enviar un corregidor para hacerse cargo del gobierno municipal. Si bien es cierto que desde las Cortes de Toledo de 1480 los Reyes Católicos habían resuelto extender en Castilla el régimen del corregimiento, sólo en las villas y ciudades más importantes se nombraron corregidores. Al tratarse de un cargo de designación real, y no elegido por los vecinos, se pone de manifiesto la intención de los Reyes Católicos de contar al frente del gobierno municipal puertorrealeño con una persona fiel, directamente nombrado por ellos, que garantizase la puntual ejecución de los planes reales sobre la nueva población. Quien con toda probabilidad fue el primer corregidor de Puerto Real y, por tanto, el principal encargado y responsable de erigir y organizar la nueva puebla fue Francisco Bonaguisa, a quien ya encontramos ejerciendo como corregidor de la villa en febrero de 1486, menos de tres años después del otorgamiento de la carta-puebla.

Bonaguisa se encargó de proyectar las primeras obras de la población. A la hora de rastrear documentalmente su actuación, nos encontramos con las primeras sorpresas en relación al actual estado de nuestros conocimientos sobre la fundación de Puerto Real, que nuevos documentos cancillerescos vienen a modificar. Por un documento real fechado el 18 de febrero de 1486, los reyes concedieron a Francisco Bonaguisa, corregidor de Puerto Real, un tercio de los bienes confiscados a los herejes, y otro tercio al prior de la Cartuja de las Cuevas, para hacer la iglesia y la cerca de la villa de Puerto Real, así como la alcantarilla del río Salado.

Esto significa, en primer lugar, el establecimiento de un vínculo entre el nacimiento de Puerto Real y el de la moderna Inquisición española. En efecto, los reyes quisieron que una parte significativa de los bienes confiscados a los reos del recién creado tribunal del Santo Oficio se aplicara a costear diversas obras públicas en la nueva villa por ellos fundada. Las víctimas de la Inquisición eran, en este caso, los judeoconversos sevillanos procesados y condenados a partir de 1480, ya que fue en Sevilla donde se instaló el primer tribunal del Santo Oficio. En efecto, con la misma fecha del documento citado, y como complemento del mismo, se cursó una orden al licenciado Fernando Yáñez de Lobón, alcalde de Casa y Corte y asistente de la ciudad de Sevilla, para que entregase, de los bienes de condenados por herejes, las correspondientes cantidades al prior de las Cuevas y a las obras de la iglesia y cerca de Puerto Real, a petición del propio Francisco Bonaguisa.

En segundo lugar, estos documentos ponen de manifiesto el objetivo de llevar a cabo cuanto antes la fábrica de la iglesia parroquial de la villa, una obra de gran envergadura que posiblemente ya se había iniciado en aquellas fechas, que requería de dinero para su financiación y que, como sabemos, no fue concluida hasta más de cien años después, a finales del siglo XVI.

En tercer lugar, este importante testimonio documental, tan próximo en el tiempo a la carta-puebla fundacional, nos descubre la intención que existía de cercar Puerto Real, es decir, de construir en su perímetro urbano una muralla defensiva. Esto nos obliga a revisar la idea de que Puerto Real fue concebido como una villa abierta, a diferencia de las viejas poblaciones medievales, debido a las nuevas condiciones de seguridad establecidas en la época y a la aplicación del nuevo modelo urbanístico renacentista. Nada más lejos de la realidad. El planeamiento original de la nueva villa incluía levantar una muralla a su alrededor, aunque ésta no fue finalmente edificada.

Finalmente, el documento nos revela la intención que había de construir una alcantarilla, es decir, una tajea o puente bajo sobre el río Salado de San Pedro. Tampoco esta obra llegaría a realizarse. El camino entre Puerto Real y El Puerto de Santa María no contó con un puente sobre dicho río hasta bien avanzado el siglo XVIII. Mientras tanto, existió una barca para facilitar el pasaje entre una y otra orilla, cuya explotación se concedió a la villa como parte de sus bienes de propios.

Concesión del tercio de los bienes confiscados a los herejes para construir la iglesia, la cerca de la villa de Puerto Real y la alcantarilla del río Salado (Archivo General de Simancas)

La organización administrativa y económica de la nueva villa se acompañó también de su organización eclesiástica. Muy importante y significativa del momento en que ésta se produjo fue la inclusión de Puerto Real en la bula otorgada en 1486 por el papa Inocencio VIII concediéndole a los Reyes Católicos el patronato sobre las iglesias de Granada y Canarias, privilegio que se hizo extensivo también a la villa recién fundada. Este dato no suele ser mencionado cuando se habla de los orígenes del Patronato Regio, derecho obtenido inicialmente por los reyes para los territorios recientemente conquistados por ellos, al que unos años después se unieron también las Indias, y que más tarde se extendería al conjunto de la Iglesia española. En virtud de este privilegio de patronato, los reyes ejercerían en 1490 el derecho de presentación a favor de Juan Estorcad (o Estorcuat o Torcat), clérigo y capellán real, para ocupar el cargo de prior de la iglesia de Puerto Real, ya llamada por entonces de San Sebastián y erigida como prioral. El prior puertorrealeño sería promovido el año siguiente, 1491, a la dignidad de capellán de honor de la diócesis de Cádiz.

Iglesia prioral de San Sebastián

Al mismo tiempo, la vida económica de la nueva población iba organizándose. Una serie de documentos conservados en el Archivo Genera de Simancas contienen referencias a las salinas y caños, a las tierras de cultivo, a la construcción de molinos. Así, por ejemplo, el 22 de junio de 1484 se otorgaba poder para repartir las salinas de Jerez de la Frontera y Puerto Real. En 1485 se daba carta de amparo en la posesión de un caño a Juan de Olmedo, vecino de Puerto Real. El 23 de febrero de 1486 se ordenó a Francisco Bonaguisa repartir entre los vecinos de Puerto Real una serie de salinas, y que las tuvieran por heredad. Este mismo año se concedieron por vía de merced al secretario del Consejo Real, Fernando Álvarez de Toledo, un total de dos mil tajos de sal en Jerez y Puerto Real. Poco tiempo después de la fecha de otorgamiento de la carta-puebla, el 29 de octubre de 1484, los reyes ordenaban a la ciudad de Jerez de la Frontera que diese términos para labrar a los vecinos de Puerto Real. En 1492 se concedía licencia al veinticuatro jerezano Fernán Ruiz Cabeza de Vaca, a petición de la villa de Puerto Real, a fin de que edificase en ella un molino, para uso común de sus vecinos.

La concesión de privilegios a los habitantes de Puerto Real se multiplicaba, a fin de atraer y fijar pobladores. El celo puesto por el cabildo y por los vecinos en la conservación de tales privilegios fue notable. Así, en 1485 se otorgó una carta para que a los vecinos de Puerto Real se les guardase el derecho de que, cuando fueran a vivir a otros lugares, no contribuyesen por los bienes que dejaran en su lugar de procedencia. Se trató de un claro aliciente poblacionista dirigido a atraer moradores hacia el recién fundado Puerto Real. Un año después, en 1486, se comisionaba a Pedro de Castro, corregidor de Jerez de la Frontera, para que averiguase la costumbre que se observaba en Andalucía en relación al pago de impuestos, ante la protesta del concejo de Puerto Real por haber sido obligado a pechar contra sus privilegios.

El conjunto de privilegios concedido a quienes fueran a poblar Puerto Real no sólo era de naturaleza fiscal, sino que incluía también la inmunidad de sus vecinos ante la actuación de la justicia. Así, por ejemplo, en 1494 los reyes otorgaron seguro a favor de Gonzalo de Olmedo, hijo del anteriormente citado Juan de Olmedo, quien, temiendo a don Luis de la Cerda, duque de Medinaceli y señor de El Puerto de Santa María, se ausentó de esa ciudad y se fue a vivir a Puerto Real. El duque fue obligado a autorizar a Olmedo a marcharse y a vender los bienes raíces que tenía en El Puerto.

Junto a la pesca y el comercio, los puertos de la fachada atlántica andaluza practicaban activamente a fines del siglo XV en el norte de África el corso y las cabalgadas u operaciones de saqueo litorales. Estas actividades contaban con el permiso de la Corona, que se reservaba una quinta parte de sus beneficios. En 1485 los reyes concedieron a los propietarios de navíos del concejo de Puerto Real una provisión por la cual les concedieron no pagar más que medio quinto de las presas que hicieran. No obstante, la Corona se reservaba el derecho de regular quién podía y quién no ir a barajar en tierra de moros. Así, en 1492, por iniciativa de Juan de Olarte, juez de residencia de Jerez de la Frontera, se prohibió al varias veces mencionado Juan de Olmedo, vecino de Puerto Real, hacer cabalgadas “allende”, por cuanto sólo otro adalid, Pedro Patiño, tenía licencia real para hacerle guerra a los moros. En este contexto de conflictivas relaciones de vecindad con los musulmanes norteafricanos, en 1486 ordenaron los reyes que todos los navíos y fustas que participasen en operaciones de saqueo en el norte de África fuesen obligatoriamente a Puerto Real para pagar aquí el quinto de presas de moros. Al intentar garantizar la percepción de este derecho, fijando un puerto único para satisfacerlo, los Reyes Católicos designaron a Puerto Real en la práctica como una especie de capital del corsarismo andaluz.

En esta relación de privilegios concedidos a los primeros puertorrealeños, además de los muchos que acompañaron al otorgamiento de la carta-puebla fundacional, mencionaremos una provisión de 1485 por la que los reyes ordenaron a Juan de Zuazo, “cuyo es el castillo de la Puente de Zuazo”, para que no impidiese a la villa de Puerto Real tener una barca para llevar pasajeros de Matagorda a Cádiz.

Decíamos al principio que, durante sus primeros años de vida, Puerto Real tuvo que hacerse un hueco entre sus poderosos vecinos. La trayectoria inicial de la villa estuvo, en efecto, jalonada de pleitos con los municipios y señores jurisdiccionales del entorno. Con Jerez de la Frontera, en primer lugar, de cuyo término se había segregado el de Puerto Real. En 1486 se dio orden al corregidor de Jerez para que permitiese abastecer de pan a la villa de Puerto Real, cuyo abasto se impedía como medio de obstaculizar el éxito de la nueva fundación, a la que Jerez no se plegó de buena gana. En 1490 se otorgó una carta a petición de la villa para tratar de impedir los agravios que recibían sus vecinos de los veinticuatro de Jerez de la Frontera. Tales agravios continuaron, sin embargo, pues unos años después, en 1496, se comisionó a don Juan de Fonseca, obispo de Badajoz, y al licenciado Garci López de Chinchilla, corregidor de Jerez, para que investigasen los que decía recibir Puerto Real de dicha ciudad, bajo cuya dependencia había sido puesta finalmente en 1488, tan sólo cinco años después de la fundación.

Tampoco fueron siempre cordiales las relaciones con El Puerto de Santa María. En 1485 se comisionó al licenciado Juan de la Fuente, alcalde de Casa y Corte, a petición de don Luis de la Cerda, duque de Medinaceli, para que entendiera en ciertos conflictos de jurisdicción entre las villas de Puerto Real y El Puerto de Santa María. El mismo año se dio encargo al obispo de Cádiz, Pedro Fernández de Solís, para que determinase acerca de una barca de pasaje que el duque de Medinaceli había puesto indebidamente en el río Salado, donde con licencia real tenía otra el concejo de Puerto Real. Durante aquel conflictivo año 1485 se abrió también un proceso contra distintas personas que disputaban los términos a la villa de Puerto Real.

El duque de Medinaceli no fue el único grande en pleitear con la nueva villa y sus vecinos. En 1486 los reyes concedieron seguro a favor de Pedro Gentil, vecino de Puerto Real, defendiéndole del duque de Medina Sidonia y de su gente. En 1493, el juez de términos de Sevilla recibió comisión para que determinase un pleito del mismo duque de Medina Sidonia con Ruy Díaz Gallego, vecino de Puerto Real, sobre el arrendamiento de unas aceñas.

Todos estos documentos son representativos de las circunstancias y dificultades de los primeros años de existencia de la villa y constituyen, individualmente y en su conjunto, nuevas aportaciones al conocimiento de su primigenia trayectoria histórica y de algunos de sus principales protagonistas, ya se trate del primer corregidor de Puerto Real, del primer prior de su iglesia o del inquieto corsario Juan de Olmedo. Concluyo reafirmándome en la intención de llevar a cabo una próxima edición y estudio de los mismos en un trabajo de mayor amplitud que, espero, contribuya a un más completo conocimiento de los orígenes históricos del Puerto Real moderno.

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10 Comentarios
  • LOS PRIMEROS AÑOS DE HISTORIA DE LA VILLA 16 de junio de 2013 09:55, por José Mª Cruz Beltrán

    Enhorabuena por tan esclarecedor artículo en fecha tan señera, antesala, como dices, de la obra de mayor envergadura que ya esperamos con ilusión.
    Con paciencia y celo profesional contribuyes a rellenar esos huecos en el conocimiento de los primeros años de nuestra Villa a partir de la importante documentación procedente de los principales archivos de nuestro país.

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    • LOS PRIMEROS AÑOS DE HISTORIA DE LA VILLA 16 de junio de 2013 19:55, por Juan José Iglesias

      Muchas gracias, José María. Hacer la historia de Puerto Real de manera profesional, seria y rigurosa es una apasionante tarea colectiva en la que tú has participado y participas de forma muy importante y destacada. Para mí son inolvidables los momentos en que compartimos la redacción de aquel libro sobre la historia de la villa con don Antonio Muro e Ignacio Hernández Leyton. Después se han incorporado otros muchos historiadores de gran valía, que merecen todo mi respeto y admiración.

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  • LOS PRIMEROS AÑOS DE HISTORIA DE LA VILLA 16 de junio de 2013 19:44, por Allende

    Quiero dar la enhorabuena al profesor y agradecerle que nos permita acceder a sus trabajos relacionados con Puerto Real a través de la web de Puerto Real. Mi felicitación y feliz celebración para todos los puertorrealeños de dentro y fuera de nuestra Villa.

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  • LOS PRIMEROS AÑOS DE HISTORIA DE LA VILLA 16 de junio de 2013 19:45, por El Té de las 5

    Me ha gustado conocer un poco mas de nuestra historia, gracias por el artículo.

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  • LOS PRIMEROS AÑOS DE HISTORIA DE LA VILLA 16 de junio de 2013 21:50, por Fran Delgado

    Enorme artículo. Esperamos como agua de mayo dicha publicación. No tenía conocimiento de Puerto Real como capital de corsarios, tema que me interesa particularmente. De nuevo repito que esperamos la publicación para saber más sobre el tema y consultar la bibliografía sobre el tema y la figura de Juan Olmedo. La pena que tuvo Puerto Real es que Cádiz se convirtió en ciudad de realengo Y la villa perdiò protagonismo, o al menos eso tengo entendido.

    Gracias por ilustrarnos

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    • LOS PRIMEROS AÑOS DE HISTORIA DE LA VILLA 17 de junio de 2013 09:08, por Juan José Iglesias

      Muchas gracias por los comentarios recibidos. En efecto, el hecho de que Puerto Real fuera puesto bajo la dependencia de Jerez y, sobre todo, el paso de Cádiz a realengo posiblemente frustraron las expectativas de la recién fundada villa. Por otra parte, el descubrimiento de América representó un vuelco en la política atlántica de la Corona, que en primera instancia benefició al eje Sevilla-Sanlúcar, mientras Cádiz retenía el protagonismo del comercio con el norte de África. Espero poder desarrollar por extenso la temática en el trabajo prometido.

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  • LOS PRIMEROS AÑOS DE HISTORIA DE LA VILLA 17 de junio de 2013 12:13, por infiltrado

    Mi enhorabuena por el articulo.

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  • LOS PRIMEROS AÑOS DE HISTORIA DE LA VILLA 19 de junio de 2013 22:45, por me gusta

    Muchas gracias por estos artículos, siempre son muy interesantes.

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  • Nombramiento de F. Bonaguisa como corregidor 23 de marzo de 2014 02:07, por Hispalois

    Muchas gracias por este artículo. Estaba recopilando información para redactar la biografía de F. Bonaguisa en Wikipedia y su información me ha sido de gran ayuda.

    Quería comentarle que de casualidad he localizado la fecha del nombramiento de Bonaguisa como corregidor de Puerto Real: fue el 7 de septiembre de 1484. El nombramiento se encuentra o se encontraba en un tomo recopilatorio de documentos del archivo consistorial de Zamora, compilado en 1765, del cual Cesáreo Fernández Duro publicó el índice en 1891. He dejado la referencia completa en el citado artículo de Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Francesco_Buonaguisi

    La distancia me impide acudir a Zamora a verificar si dicho documento existe aun. Confío en que usted pueda investigarlo como merece.

    Saludos

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