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Miércoles 24 de julio de 2019

Puerto Real en la Historia

Puerto Real en la Historia: "Cortadura de San José. Puerto Real y la Batalla del Trocadero"

La ocupación de Puerto Real por los 100.000 hijos de San Luís es singular, pues la población celebró festivamente su llegada y retornó al absolutismo del mismo modo que había celebrado la vuelta de la Constitución de Cádiz

7 de septiembre de 2015

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Antonio Villalpando. Historiador

“El día de su muerte, Claude se levantó como si fuese cualquier otro día de los que había pasado en España. Primero intentaba desayunar. Luego se aseaba. Si lo hacía al revés, se quedaba sin desayuno. Era su rutina estar enfrentado. Se enfrentaba al control de sus superiores que lo evaluaban de forma continua, se enfrentaba a las miradas de los españoles, que los animaban al paso mientras los miraban deseándoles la muerte y se enfrentaba a la muerte en cada esquina, a los grupos armados viendo caer a sus amigos y compañeros de filas desde que pisó el sur de los pirineos.

Apenas había comido un trozo de pan y dos pedazos de queso cuando los oficiales empezaron a posicionarse al tiempo que comenzaba a tocar el corneta. No se descansaba. No se lo podían permitir si querían ganar la contienda, que en realidad no era una guerra de su Francia natal, sino una guerra civil entre españoles con la participación de Francia en el bando del Rey y la defensa del Imperio. El día pasó sin más. Como cada tarde, volvió a sentir el escalofrío de Cádiz. El y otros tenían ese mal cuerpo que tiene un soldado de infantería que sabe que entre todos los destinos posibles va a terminar en Cádiz. La fortaleza que no tomaron las tropas del mismísimo Napoleón y ahora tienen que tomar ellos. -Somos corderos camino del matadero pensaba mirando el horizonte-. Eso es el fuerte con foso lleno de agua de mar, la cortadura de El Trocadero. Guarda la península del Trocadero y el acceso a la isla del mismo nombre, que está fortificada a más no poder. Allí tienen almacenes llenos de víveres, municiones, y hombres para resistir un asedio largo. La cortadura que hizo Autrán impide que puedan beneficiarse de la superioridad que tienen en artillería. El Asedio va a ser largo, les quedaban meses en la ruinosa villa de Puerto Real, que aún presentaba destrozos de la anterior Guerra, o eso pensaba Claude.

Al caer la noche, un sargento se presentó en su tienda y dijo que en dos horas partirían para la Cortadura. -Vamos a tomarla a Bayoneta calada usando el factor sorpresa. Gente de la zona nos ha dicho que con la marea baja el agua no llega al cuello. Claude lo tenía claro- Nos van a matar a todos. Al partir el silencio era estremecedor. Es el sonido de la muerte, o de la victoria. Las dos suenan igual cuando nos ponemos en marcha, les dijo un oficial.

Cuando llegaron a la Cortadura de El Trocadero, junto al Río de San Pedro, no se veía absolutamente nada. A su derecha, codo con codo, estaba Dominique, el único del que se fiaba de verdad en la columna. El sargento tomó posición y dio la orden, pistola en mano. ! Avanzad! Todos empezaron a correr hacia el agua, si se paraban su propio sargento sería el que les pegaría un tiro. La bayoneta calada primero, pero no había nadie, luego aguantaban el arma cargada con las manos en alto. Sonaron los primeros tiros. Cuando los españoles empezaron a responder ya había casi cien hombres en el agua.

Buscaba apoyo en Dominique, pero no lo veía. Luego se enteró que el de Lyon pisó un pez torpedo, de los que llaman “temblaera”, y cayó inconsciente en la orilla, lo que posiblemente le salvó la vida. El quedó solo mientras iban llegando más y más compañeros, que a pesar de ver el agua repleta de cadáveres avanzaban hacia el terraplén donde los españoles se habían hecho fuertes. Los partisanos no se esperaban un envite así y muchos empezaron a huir. El fuerte era un foco de discusiones que no se entendían entre el estruendo de los cañones y los disparos de los fusiles. Claude no estuvo entre los primeros franceses que coronaron el Fuerte del Trocadero. Tardó mucho en cruzar la cortadura porque al ser algo más bajo que sus compañeros el agua lo ahogaba. Cuando llegó a la otra orilla en su cabeza retumbaban los disparos y los zumbidos de las balas. El olor a pólvora se mezclaba con el de la sangre y las tripas de sus compañeros. Aún no había pegado un solo tiro. Subió al fuerte trepando el montón de cadáveres de los que formaron su columna. Cuando puso el pié en lo alto le dispararon en el hombro y oyó el crujir de los huesos al estallar. Mientras estaba en el suelo, junto a una hoguera, vio como un hombre corpulento se le acercaba corriendo con un cuchillo en la mano. Se quedó mirándolo a los ojos. Tenía las cejas pobladas, la tez morena y sucia, la nariz chata y los ojos tan claros y azules como el mar de su Marsella. Besó una cruz de madera inusitadamente grande que colgaba de su cuello, y le lanzó el cuchillo, pero falló.

El fusil de Claude estaba cargado y a duras penas pudo dispararlo pero lo hizo, a quemarropa. Terminó matando al atacante, al que atravesó la bala, y alcanzando incluso a otro español. Mientras intentaba incorporarse sus compañeros aparecían entre las sombras y las voces de los españoles fueron desapareciendo. Claude se quedó sin fuerzas, se pasó horas tumbado y perdiendo la conciencia en cada intento de alzarse. Lo ayudó a incorporarse un compañero que con la sonrisa en los la cara le contó lo sucedido a Dominique. Se sentó junto a un tonel que apestaba a pescado, ya al otro lado del fuerte. Los pocos prisioneros españoles les escupían y soltaban maldiciones a los franceses. Este pueblo suicida prefiere morir a rendirle, les dijeron al abandonar Francia y era verdad. Se acercó a ellos y entonces lo vio, como un fantasma que lo miraba con ojos llenos de odio y rencor. Estaba maniatado pero tenía el mismo aspecto corpulento, las mismas cejas pobladas, la tez morena y sucia, la nariz chata y aquellos ojos claros y azules inolvidables. Besó la misma cruz de madera, igual de grande y le dijo: ¿Te acuerdas de mi hermano? Al tiempo que sacaba una pequeña pistola y le acertó un tiro en la garganta. Mientras se desangraba uno de los oficiales franceses decía: - Parece que estamos ganando.”

¿Por qué es importante?

La Cortadura de El Trocadero, del Río de San Pedro, popularmente, Caño de La Ministra es el escenario principal de la Batalla del Trocadero en 1823. El triunfo del Absolutismo en España llega tras la Batalla del Trocadero, que implicó la rendición de Cádiz y la vuelta al Antiguo Régimen. Por ello es un episodio repetido en todos los libros de Historia de España que traten en profundidad el S. XIX. El caso tiene especial proyección internacional por ser referido en los nuevos Estados Unidos de América, que lo tomó como justificación para aplicar la Doctrina Monroe de 2 de diciembre de 1823, que incluía un plan nacional para defenderse de posibles acciones militares conjuntas de los países europeos.

La rendición de Cádiz tras la batalla del Trocadero fue repetida en Francia y en muchos países de Europa hasta la saciedad, pues implicaba la rendición de una de las plazas que se resistieron a las tropas del mismísimo Napoleón. El nombre Trocadero y Cádiz era en la Europa de la época lo que hoy es Mosul o Basora. Un lugar hostil donde lo normal es terminar muerto y había sido sometido. Por eso se entiende que se aluda al Trocadero para denotar el carácter marcial de un oficial en obras como Los Miserables, de Víctor Hugo, o la importancia que se le dio en París, donde nombraron un palacio y los famosos jardines donde hoy se encuentra la Torre Eiffel. Incluso el Arco del Triunfo de París se denominó temporalmente Arco del Trocadero.

¿Qué sabemos del bien?
Tras derrotar a Napoleón, varias potencias europeas partidarias del absolutismo firmaron un pacto, denominado Santa Alianza, que tenía como objetivo comprometer la ayuda entre los firmantes para acabar militarmente con cualquier intento de implantación del liberalismo.

Tras la Revolución de Las Cabezas de 1820 se reinstauró la Constitución de Cádiz y se abolió el Absolutismo en España, obligando al Rey, prisionero en Cádiz, a firmar una nueva constitución que de hecho era retomar la Pepa, lo que provocó que Fernando VII, firmante de la Santa Alianza, pidiera ayuda a sus aliados europeos, partidarios de la vuelta al Antiguo Régimen.

Estos le correspondieron a su misiva con el envío de tropas para su liberación y reinstaurar el Antiguo Régimen. El ejército enviado, liderado por el Duque de Angulema, y que mayoritariamente lo componían franceses, fue denominado los “100.000 Hijos de San Luís” en alusión al patrón de Francia.

La ocupación de Puerto Real por los 100.000 hijos de San Luís es singular, pues la población celebró festivamente su llegada y retornó al absolutismo del mismo modo que había celebrado la vuelta de la Constitución de Cádiz. Las tropas permanecen en la Real Villa entre Julio y Septiembre de 1823. La auténtica Batalla del Trocadero aconteció en las fortificaciones de La Cortadura, fue el hecho de la toma del fuerte al asalto por la infantería francesa, que de madrugada, aprovechando la bajamar, cruzó con las armas en alto el caño de la Cortadura. Esta acción bélica fue especialmente sangrienta para ambos bandos, pero permitió al ejército francés poner bajo asedio directo a los almacenes del Consulado y a los castillos de Matagorda, arruinado, y Fort Luís donde ya apenas quedaban soldados en la guarnición. A esto se refiere A. Muro 1992. 139 - 140. Ver también documento Ordoñez de la Calle, A. 1958. Biografía de El Puerto Real de los Reyes Católicos. 1483 – 1958. Libro Manuscrito sin editar. AMPR (Hace referencia a Los Episodios Nacionales de B. Pérez Galdós.) Respecto a ello hemos podido contrastar que efectivamente aparece mencionado en 100000 hijos de San Luís, pac, XXXIII, destacando el hecho que hace mención explícita a los fuertes de El Trocadero, en clara alusión al conjunto fortificado. También destaca el aparecer la batalla mencionada en Les Miserables, de Víctor Hugo.

Se trata de una fortificación de campaña, propia de época napoleónica, usando foso y terraplén de perfil bajo para uso de artillería y que en su día, estuvo estabilizado mediante el uso de sacos que a su vez también servían para la merlatura. Se realizó por el ejército español tras la retirada de las tropas francesas de su campamento en La Algaida. Moreno de Guerra, J. 1914, en Pág. 24 menciona como personaje memorable de la Real Villa de Puerto Real a “Autrán Díaz Barcenilla (D. José). Capitán de Fragata, Caballero de Santiago. Autor de la Cortadura de su nombre en el paso a la Mata Gorda”
Con la construcción de las fortificaciones se pretendía proteger los castillos de Matagorda y San Luís, así como el acoso a la Ciudad de Cádiz y al Castillo de Puntales que se hacía desde la posición de Matagorda. Del mismo modo impedía el acceso a los suministros navales y los almacenes comerciales y militares que se situaban en torno al caño del Trocadero. Puerto Real era sede de varias plazas militares.

En la zona se realizaron otras fortificaciones similares, obras del Ejército Francés, si bien conocemos que se destruyen las fortificaciones francesas por los zapadores del ejército español en 1812 una vez estos abandonaron el Campamento en la zona. De La Algaida. A. Muro Orejón 1992, pág. 80.

La situación del campamento de las tropas francesas en La Algaida ha sido referenciada por varios autores, destacando entre estos por lo temprano de sus trabajos, A. Muro Orejón 1992, pág. 71 – 76, que cita el campamento en la Algaida en pág. 72 y 75 y otro campamento en El Trocadero. A. Muro Orejón 1992, pág. 76. Cita al respecto a Juan moreno de Guerra., Puerto Real en la invasión francesa, en Boletín de la Comisión de Monumentos, Cádiz, 1910. Esta obra no ha podido ser localizada y consultada.
Sobre La Cortadura de San José, ya hemos citado a Moreno de Guerra y su mención de D. José Autrán como autor de la misma. A. Muro Orejón, incluyó en su obra foto del Caño de la Cortadura en alusión a las fortificaciones de la Guerra de Independencia. A. Muro Orejón 1992 pág. 81.

Pasado el tiempo, la zona perdió progresivamente su interés militar, ya en época de Isabel II. Por ello se construyó un puente para permitir su cruce de forma permanente. El caño de incorporó a la infraestructura de producción de la Salina de San Sebastián de la Cortadura y como hecho también destacable en 1900 existe un proyecto de instalación de una piscifactoría en la Cortadura a la que acompaña su plano, según A. Muro 1992, Pág. 247.

¿Qué se Conserva del Bien?

Los terraplenes de baluartes conservados se corresponden con los polígonos Polígono 8 y 9. El Polígono 21 se corresponde con la Cortadura de San José. El conjunto se integra en el polígono 126 como Fortificaciones Cortadura Río San Pedro y está incluido en el Catalogo de Patrimonio Histórico Arqueológico del Parque Metropolitano Marisma de Los Toruños y Pinar de la Algaida. (Lagóstena & Villalpando 2006) Las carreteras han borrado el Fuerte que discurría paralelo al caño de la cortadura. La zona de General Motors y el Polígono industrial del Trocadero fueron los espacios que primero fueron afectados. Durante el desmonte, tenemos noticia de que aparecieron muchos huesos, incluidos cráneos humanos, a saber si se trataban de los fallecidos en la contienda.
Se mantiene como un reducto el último tramo del terraplén junto a la carretera que lo corta y da acceso a la barriada de Río de San Pedro y a la Playa del mismo nombre. Como si de una piscina natural se tratara, una pequeña porción de la cortadura, encerrada entre carreteras, es el último tramo conservado que mantiene todas las partes de la obra original, con un terraplén bajo y otro alto.

El parque metropolitano mantiene el espacio como parte integrante de las rutas napoleónicas en embarcación que se realizan durante el verano.

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