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Lunes 22 de mayo de 2017

Psicología

Consejos de nuestra Psicóloga Ana Rivas

Conviviendo con las emociones (II)

"Usa el dolor como una piedra en tu camino, no como una zona para acampar". (Alan Cohen)

19 de mayo de 2017

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Las emociones ejercen una gran influencia en nuestros pensamientos y conductas. Cuando estamos tristes es más fácil que nuestro cerebro atraiga pensamientos y recuerdos tristes, y es más probable que veamos el lado triste, “oscuro”, de las circunstancias que nos rodean. Disminuye nuestra motivación, nos enlentecemos, nos cuesta más trabajo concentrarnos, tomar una decisión o hacer una actividad. Esto es normal y coherente con cómo nos sentimos, es la manera natural que tiene muestro organismo de reaccionar a un momento de tristeza en la vida. Nos durará un periodo de tiempo determinado, que variará según cada persona.

La tristeza, igual que el resto de las emociones (enfado, rabia, ansiedad, frustración, etcétera), necesita ser “masticada” y “digerida”, como los alimentos que tomamos. Tras esta “digestión”, que necesitará de un tiempo para que se produzca, estaremos preparados/as para pasar a la acción, para hacer lo que necesitemos y queramos hacer. Para ponernos manos a la obra.

Sin embargo, si nos quedamos indefinidamente en un dar vueltas y más vueltas a la pena que sentimos, a lo mal que estamos, cuando ya ha pasado un tiempo más que considerable para que la digestión se haya podido hacer, nos quedamos “enganchados/as” a la pena, atascados/as. Y esto genera mucho sufrimiento inútil, mucho desgaste físico y emocional.

De forma parecida, cuando estamos preocupados/as por algo, vemos amenazas con facilidad, incluso amenazas que no se corresponden con la realidad (por ejemplo, la amenaza de un cáncer si estoy sano/a o que nuestra pareja nos vaya a ser infiel si la relación va bien en general). Empezamos a pensar compulsivamente, pasando de una preocupación a otra, de un pensamiento negativo a otro. Estaríamos alimentando así nuestras preocupaciones, aumentando el miedo y la ansiedad que sentíamos inicialmente. Vamos generando sin darnos cuenta un efecto “bola de nieve”.

Esencial que tomemos conciencia de este efecto para poder ponerle freno.

Web de Ana Rodríguez Rivas

Imagen: CREATIVE COMMONS/Daddy David

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